Por estos días está muy en boga el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo, el cual ya recibió media sanción en la cámara de diputados, pero se encuentra en serio riesgo de no ser aprobada porque los conservadores tienen mucho peso en la cámara alta del parlamento argentino.
Ya he marcado mi posición sobre este tema antes y estoy absolutamente a favor de que la propuesta sea aprobada.
¿Por qué en la cámara de diputados esta ley pasó sin problemas mientras que en la de Senadores hay una fuerte resistencia?
La respuesta es simple: la cámara de diputados tiene una composición proporcional a la población, así las provincias mas pobladas llevan mas representantes que las menos pobladas; y en Argentina las primeras suelen ser mas abiertas y progresistas. Por su parte en el Senado acuden la misma cantidad de representantes por cada provincia sin importar su población, dándole mayor peso a las provincias pequeñas que suelen ser mas atrasadas y conservadoras. Y en esto aclaro algo, orgullosamente soy salteño; pero reconozco que mi provincia es muy atrasada en materia social; el dominio de la derecha conservadora y católica es muy poderoso; pero eso no es por la pericia de las clases dominantes sino por el adormecimiento de las clases populares, pero ese es otro tema, lo hablamos otro día si quieren.
Algunos senadores han llegado a pedir que se plebiscite la cuestión, y si bien considero que es una herramienta muy poderosa para otros asuntos este no es el caso. En primer lugar no creo que la mayoría de los argentinos esté en contra de la igualdad ante la ley. En segundo lugar, en caso de no suceder lo anterior, es irrelevante lo que opine la mayoría, porque la igualdad ante la ley es un derecho humano, por ende universal, imprescriptible e irrenunciable.
Ahora bien, los gays suelen ser tratados de raros o degenerados; pero esto no tiene ninguna clase de fundamento científico, es sólo la etiqueta que le puso un grupo dominante a uno minoritario o socialmente débil (que yo me animo a decir que ya no lo es).
Pero que pasa si planteamos las cosas al revés y de repente ponemos al grupo dominante en el papel del minoritario, y ellos se convierten en los “raros”. Ezequiel, un amigo de la secundaria, que está en Buenos Aires ahora, me ha pasado un texto mas que interesante, en donde se hace este análisis, y las personas católicas son etiquetadas como “los raros”. Aclaro que este post no tiene el objetivo de agredir a nadie, en el pasado también he definido mi posición sobre los católicos y he dejado claro que no tengo nada contra ellos, todo lo contrario. Este post sólo tiene el objetivo de hacer un ejercicio muy útil para entender las posiciones de las otras personas, que es el de ponerse en el lugar del prójimo. El texto puede sonar “chocante” para algunos, pero insisto, no se busca agredir, sólo se hace el experimento de por un momento poner al grupo dominante en el papel de “raros”.
El texto fue publicado en 2004 en Psicofanías.
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Estoy completamente a favor del permitir el matrimonio entre católicos. Me parece una injusticia y un error tratar de impedírselo.
El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.
Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de caracter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos.
Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.
Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por “el qué dirán” o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestrucuturadas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familas católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.
Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruín de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.
Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.
Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de “¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!”.
Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bién es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor problabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.
Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.
En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitirseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.
Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales.
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Vía Ramona

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